Comentaba
con un amigo algunos conceptos sobre Calidad Personal y la
necesidad de comenzar a introducir estos conceptos en el personal,
ya que si no tenemos personas que piensen y actúen con calidad,
difícilmente nuestro producto pueda ser de calidad. Aquellos
que ya han certificado su Sistema de Aseguramiento de Calidad
seguramente saben de lo que estamos hablando...
Es decir, mostrar las ventajas de
hacer el esfuerzo extra que seguramente nuestro Cliente
espera de nosotros y que seguramente no figura en las especificaciones
del servicio. La necesidad de dar un mejor servicio o producto
que el esperado por el cliente (o por su empleador, porqué
no…).
Usted aprecia (y sus clientes aprecian)
cuando el trato que reciben es MEJOR o SUPERIOR al que cabe
esperar.
Tarde o temprano, quién actúa en
base a esta premisa recibe su premio, el que se mide en
mejores ventas, mayor difusión de sus servicios o más rápidos
ascensos en su vida laboral, tiene que actuar con Calidad
Personal.
No queremos decir que a todos nos
ocurre lo que voy a transcribir ahora (sin duda hay gente
con más suerte que otra), pero no duden que SIEMPRE sus
esfuerzos se verán recompensados (es una especie de ley
natural del equilibrio aplicado a lo laboral y lo personal).
"Una noche tormentosa hace
los muchos años, un hombre mayor y su esposa entraron a
la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia.
Intentando conseguir resguardo de
la copiosa lluvia la pareja se aproxima al mostrador y pregunta:
- ¿Puede darnos un cuarto?
El empleado, un hombre atento con
una cálida sonrisa les dijo:
- Hay tres convenciones simultáneas
en Filadelfia... Todos los cuartos, el de nuestro hotel
y los otros están tomadas.
El matrimonio se angustió pues era
difícil que a esa hora y con ese tiempo horroroso fuesen
a conseguir dónde pasar la noche, pero el empleado les dijo:
- Miren...no puedo enviarlos afuera
con esta lluvia, si ustedes aceptan la incomodidad, puedo
ofrecerles mi propio cuarto...yo me arreglaré en un sillón
de la oficina.
El matrimonio lo rechazó, pero el
empleado insistió de buena gana y finalmente terminaron
ocupando su cuarto.
A la mañana siguiente, al pagar la
factura el hombre pidió hablar con él y le dijo:
- Usted es el tipo de Gerente que
yo tendría en mi propio hotel...quizás algún día construya
un hotel para devolverle el favor que nos ha hecho.
El concerje tomó la frase como un
cumplido y se despidieron amistosamente.
Pasaron dos años y el concerje recibe
una carta del hombre, donde le recordaba la anécdota y le
enviaba un pasaje ida y vuelta a New York con el pedido
expreso de que los visitase.
Con cierta curiosidad el concerje
no desaprovechó esta oportunidad de visitar gratis New York
y concurrió a la cita.
En esta ocasión el hombre mayor lo
llevó a la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34 y
señaló con el dedo un imponente edificio de piedra rojiza
y le dijo:
- ¡¡Este es el Hotel que he construido
para usted!!
El concerje miró anonadado y atinó
a balbucear:
- ¿Usted me está haciendo una broma,
verdad ?
- Puedo asegurarle que no...
- le contestó con una sonrisa cómplice el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf
Astor construyó el Waldorf Astoria
original y contrató a su primer gerente de nombre George
C. Boldt (tal el nombre del concerje en la noche
lluviosa).
Obviamente George C. Boldt nunca
soñó que su vida estaba cambiando para siempre cuando hizo
"su esfuerzo extra" para atender al viejo Waldorf
Astor en aquella noche tormentosa.
No tenemos muchos "Waldorf Astor"
en esta parte del mundo, pero un jefe satisfecho o un cliente
sorprendido pueden equivaler a nuestro Waldorf-Astoria personal.
¡¡Nunca se sabe dónde están los ángeles!!
Espero que les haya gustado la historia y sinceramente
espero que puedan aplicarlo. ¡Da resultado!.