Solemos referirnos con frecuencia
que tal o cual producto es “de calidad”, o que se trata
de un servicio “de calidad”… pero, ¿qué es “la Calidad”…?
En principio se trata de un término
genérico. Decimos que la calidad de un producto es “alta”,
cuando responde o supera nuestra expectativa. Por el contrario,
la calidad es “baja” cuando esto no se da.
No nos resultará difícil recordar
un producto (o servicio), que no cubrió nuestras expectativas,
donde percibimos la “baja” calidad de lo que compramos.
Seguramente en ese momento (y después también) nos sentimos
defraudados.
Cuantas veces la persona que nos
atiende lo hace de mala gana, el café está frío o la cerveza
caliente, o el bife crudo. Cuantas veces un Cliente o
Proveedor empieza a aplazar las decisiones, o lo que nos
prometieron para hoy llegará la semana que viene… Todos
son ejemplos de “baja” calidad.
Si tratamos de buscar el origen de
la “baja” calidad, seguramente encontraremos la solución.
Algunos casos típicos que generan
esta “baja” calidad son:
-
Los productos y servicios son más
complejos cada vez, que equivocarse cada vez es más
fácil.
-
La rotación de personal dentro de
la Empresa, y no todos con una formación para encarar
su nuevo trabajo.
-
Las Autoridades emiten normas, reglas,
regulaciones cada vez más complejas. Más difíciles,
más incompletas
-
La creciente especialización hace
que perdamos la noción del conjunto
Seguramente pueden agregarse varias
razones más para seguir trabajando con “baja” calidad.
¿Alguna de estas se da en el servicio que usted ofrece?.
Si quiere seguir trabajando, será mejor que se replantee
algunas cosas.
Del otro lado del mostrador, Clientes
y Usuarios no están dispuestos a aceptar esta “baja” calidad.
Aún extrapolando al sector público,
los ciudadanos exigimos servicios de “de calidad”. ¿O
acaso el sector público no es una “Empresa” con una serie
de Clientes, dentro de los cuales podemos incluirnos…?
¿Hasta cuando vamos a seguir soportando
servicios de “baja” calidad? Solo hasta que se den cuenta
que la calidad es rentable.
Fueron algunas Empresas privadas
las que primero se dieron cuenta que invertir en Calidad,
es una de las inversiones más rentables que se pueden
hacer. ¡Cuesta mucho menos que no hacer nada…!
Estudios serios demuestran que muchas
Empresas gastan entre un 20 y 30 % de su facturación produciendo
y reparando equivocaciones que se generan por “descuidos”.
Cuando sumamos el costo de corregir
estos descuidos (tiempo, materiales, energía, incumplimientos,
etc) veremos que se llegan a valores relevantes, pero
hay otro “costo” de muy difícil valoración y que seguramente
es más importante que la suma del anterior. Se trata de
la imagen de la Empresa… Eso tiene un costo incalculable,
y difícilmente recuperable.
Los estudios que se han realizado
para medir su impacto indica claramente que “la mayoría
de los Clientes no se quejan de la Calidad, simplemente
cambian de Proveedores”. Mensaje elocuente si realmente
queremos permanecer en el Mercado…
Si pudiéramos destinar esfuerzos
en algo, deberíamos hacerlo en aprender del Cliente. Un
Cliente insatisfecho tiene mucho de que enseñarnos, pero
como raramente se queja, nos perdemos esta valiosa información.
Invirtiendo en Calidad estaremos
logrando:
-
Minimizar los defectos,
-
Mejorar el producto,
-
Mejorar, por lo tanto, la situación
económica,
-
Minimizar la rotación del personal,
-
Aumentar el bienestar del personal,
-
Disminuir el ausentismo,
-
Mantener a los Clientes conformes,
-
Mantener una buena imagen del producto
y consecuentemente de la Empresa.
Estudios realizados demuestran que
tanto en nuestra vida doméstica, como en la laboral, los
productos de calidad tienen una mayor participación en
nuestra vida, que la de “precios más bajos”.
Piénselo: “La mayoría de los Clientes no se quejan de
la Calidad, simplemente cambian de Proveedores”. ¿Quiere
seguir siendo Proveedor…?.