Estamos próximo al sexto cumpleaños
de “la 14000”, tiempo suficiente para hacer algunas reflexiones.
Si bien se especuló con un boom en
la intención de certificar esta norma ambiental, esto
no fue así. Ya sea por cuestiones económicas, de
cumplimiento legal, por cuestiones ambientales, o simplemente
falta de convicción. Lo cierto es que la tendencia en
la certificación de Sistemas de Gestión Ambiental, ha
sido al menos lenta.
Las “cuestiones económicas”
son universalmente comprensibles, y es obvio que sin un
apoyo económico, es difícil encarar los requerimientos
de esta Norma.
Respecto del “cumplimiento legal”
debe decirse que no solo alcanza con “querer” certificar,
sino evaluar las posibilidades reales que se tienen. Existen
Empresas (no es una sorpresa) que no se encuentran tan
bien posicionadas desde el punto de vista del cumplimiento
de los requerimientos de la legislación ambiental, ya
sea por el producto que fabrican, su tipo de proceso,
sus métodos de trabajo o el interés que se haya tenido
en el tema.
En este caso, estas Empresas deberán
hacer un esfuerzo adicional (a veces también económico)
si deciden certificar esta Norma.
Dentro de las “cuestiones ambientales”,
involucramos el hecho que los parámetros ambientales
no se estén gestionando adecuadamente. Típico de una
parte significativa de la industria argentina. Obviamente
esto también dificulta sobremanera dicha posibilidad.
La gestión de los parámetros ambientales
debe asegurar a la Empresa, no solo el control de un determinado
aspecto ambiental, sino también el consiguiente ahorro
($$$) que siempre trae aparejado.
La “falta de convicción” puede
deberse a un sinnúmero de razones, entre otras pensar
que se trata de una moda o simplemente no entender de
que se trata.
Esto hace que no todas las Empresas
estén en condiciones de poder certificar. No en vano el
primer punto se refiere al Compromiso Empresarial.
Si realmente no hay convicción, conviene esperar hasta
estar convencidos...
Hasta la fecha se han emitido, en
Argentina, poco más de 150 Certificados, lo que
demuestra que, desde que se emitió la Norma (Setiembre
de 1996) hasta la actualidad un bajo porcentaje ha certificado.
Si a esto le agregamos que algunas
Empresas importantes (por ejemplo YPF y Perez Companc)
tienen acaparados varios certificados, el número resulta
menos significativo aún.
En la actualidad, la situación se
está estabilizando. Ya ha pasado la euforia por ser el
primero del país, el primero de la zona, el primero de
la actividad, el primero del barrio, el primero … en certificar.
El punto era intentar certificar lo antes posible, antes
que otro nos quite ese lugar… Por supuesto, no en todas
las Empresas ocurrió esto, y de hecho muchas certificaron
por convicción, pero…
También es cierto que esto ha ido
marcando diferencias entre las Empresas o Grupos que están
certificados y “los demás”.
Ahora que la situación tiende a estabilizarse
(ser “el primero” cuando la Norma tiene 6 años de vigencia,
no es un mérito destacable), se espera que pueda acceder
a la certificación otra camada de Empresas, convencidas
de la necesidad de:
- Posicionarse mejor en el Mercado,
- Aumentar las posibilidades de exportar,
- “No correr como los Bomberos” ante un requerimiento
de la Autoridad de Control,
- Minimizar accidentes que involucre a personas y/o instalaciones,
- Minimizar la probabilidad de conflicto con el entorno.
- Aumentar la eficiencia del proceso, y en definitiva
- HACER MAS RENTABLE Y COMPETITIVA LA EMPRESA