Si bien podemos suponer que estamos
a resguardo de las radiactividad, esto no es así. Convivimos
con unos 68 radioisótopos naturales y junto a las radiaciones
cósmicas constituye la principal fuente de las radiaciones
que recibimos.
El 88 % de la dosis efectiva recibida por un individuo
promedio procede de fuentes naturales y solo el 11% restante
a fuentes artificiales (aplicaciones médicas de diagnóstico
y terapia). El resto es ocasionado por otras fuentes (p/
ej: lluvia radiactiva y exposiciones ocupacionales).
De este cuadro de situación surge
claramente la necesidad de estudiar los efectos de las radiaciones
naturales sobre el ser humano
La irradiación puede deberse a fuentes
externas, o sea materiales con los que no necesariamente
entramos en contacto físico, así como a través de fuentes
internas, originadas en la ingestión e inhalación de materiales
radiactivos, como consecuencia del pasaje de estos elementos
a la atmósfera o a las cadenas alimenticias por medio de
distintos mecanismos.
El Radón es un gas radiactivo que
se encuentra en la naturaleza. Por sus características gaseosas
fluye de la tierra en todo el planeta, representando así
la mayor fuente de radiación (natural o artificial) a la
que está expuesto un ser humano.
Aproximadamente un 48 % de la dosis
de radiación recibida por un individuo promedio en todo
el mundo, se debe al gas Radón.
Además de su existencia en la propia
corteza terrestre, otras fuentes de radón puede encontrarse
en los servicios domiciliarios o industriales, concretamente
en el gas natural y agua, especialmente ésta última si proviene
de napas muy profundas.
Es debido a esto que el monitoreo
del Radón presente en el aire, se ha convertido en algo
común en EEUU y otros países industrializados.
La concentración de Radón puede aumentar
en ambientes cerrados, dado que suele encontrarse en los
materiales de construcción. No debe olvidarse que estos
se extraen de la corteza terrestre.
En zonas templadas, la concentración
de Radón en el interior de los edificios suele ser unas
8 veces superior a la existente en el exterior. En regiones
extremadamente frías se han registrado casos de concentraciones
hasta 5000 veces más elevadas que las normales en el exterior.
En este caso, el consejo es: Ventile periódicamente
su vivienda u oficina, para “diluir” el efecto del Radón.