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EL SUBEMPLEO EN EL MUNDO
El setenta y cinco por ciento de los 150 millones de personas desempleadas en todo el mundo carecen de la protección de un seguro de desempleo, según un nuevo informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).

En el informe de la OIT sobre El trabajo en el mundo 2000. La seguridad de los ingresos y la protección social en un mundo en plena transformación se afirma que incluso los países más ricos de Europa y Norteamérica redujeron en la década de 1990 la protección brindada por el seguro de desempleo.

Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, España, Islandia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal, Suecia y Suiza son, los que cuentan con los sistemas más generosos de protección frente al desempleo, dice el informe. Australia, Canadá, Irlanda, Japón, Nueva Zelandia, el Reino Unido, y los Estados Unidos aparecen caracterizados en el mismo informe como "sistemas de nivel medio".

En estos países son relativamente pocos los desempleados que perciben prestaciones y la compensación que se les da es inferior a las asequibles en el primer grupo de países. Las prestaciones en metálico, que el informe define como "porcentajes de indemnización sobre el salario neto", van en estos países de "nivel medio" desde el 23% del salario en Nueva Zelandia al 58% en Canadá y en Estados Unidos. Por el contrario, países del nivel superior como Finlandia y España proporcionan respectivamente el 63% y el 77% del salario nacional medio en los seguros de desempleo.

El informe señala que los Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido ocupa un bajo nivel porque "la duración de la indemnización por desempleo es corta, pues las prestaciones se abonan durante un tiempo inferior a 12 meses". Además, ni en los Estados ni en Canadá existe un segundo nivel de ayuda al desempleo posible cuando se agota el tiempo del primer nivel. Extensión a Todos de la Protección Social Pero la insuficiente cobertura del seguro de desempleo no es el único problema sobre el que llama la atención el informe, que descubre una amplia gama de hechos que amenazan la seguridad y la protección de los trabajadores en todo el mundo. La gran mayoría de la población en muchos países en desarrollo, que comprende a los asalariados en el sector no estructurado y a las personas empleadas por cuenta propia, no tiene ningún tipo de protección social.

A pesar de la retórica alarmista, la protección social, incluso en sus formas supuestamente caras que encontramos en los países más avanzados, es una inversión razonable a largo plazo. Las sociedades que no prestan suficiente atención a la seguridad, en especial a la seguridad de sus miembros más débiles, están expuestas a sufrir un retroceso destructor.

Millones de personas ocupadas en el sector no estructurado obtienen ingresos muy bajos, por lo que su capacidad de contribuir a los planes de protección social es extremadamente limitada. No pueden permitirse ahorrar gran cosa de sus magros ingresos. No están de condiciones de aspirar a pensiones ni a asegurarse prestaciones sanitarias. Se muestran reacias a buscar la ayuda de los planes de asistencia social, o simplemente no pueden acceder a ellos. La protección social alcanza a menos de la mitad de la población mundial. El informe subraya algunas tendencias y problemas clave que inciden sobre la protección social:

  • El número de personas que viven en condiciones de extrema pobreza en el mundo ha aumentado en 200 millones en los últimos cinco años, principalmente en el África, Asia central, Europa oriental y Asia sudoriental; · 850 millones de personas trabajan menos de lo que desean o no llegan a ganar un salario de subsistencia;
  • La pobreza es uno de los principales factores que empuja a 250 millones de niños a ingresar en la fuerza de trabajo y compromete su asistencia a la escuela;
  • En algunos países desarrollados (Canadá, Reino Unido), las tasas de divorcio han aumentado hasta un 500% en un periodo de 30 años, lo que significa que hoy son muchos más los niños que viven en familias monoparentales;
  • En muchos de estos mismos países desarrollados, los alumbramientos de madres solteras se han sextuplicado en el mismo periodo de 30 años, lo que también incrementa el número de niños en familias monoparentales;
  • La incidencia de la pobreza en familias encabezadas por una madre soltera es, como mínimo, tres veces mayor que en las familias biparentales en Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, Luxemburgo, Noruega y Países Bajos;
  • El gasto en seguridad social, en términos de porcentaje sobre el PBI, se ha elevado en la mayoría de los países en el periodo 1975-92, pero ha habido excepciones a esta tendencia, especialmente en África y en América Latina. Los cambios en la estructura de la familia se han combinado con otros factores, singularmente con el aumento del desempleo y la desigualdad, para provocar un fuerte incremento de las tasas de pobreza infantil entre mediados de la década de 1960 y mediados de la de 1990. Las tasas de fertilidad están cayendo en todo el mundo, lo que permite que sean más las mujeres que se incorporan al mercado de trabajo. Sin embargo, y en gran parte debido a esta caída de las tasas de fertilidad, la población está envejeciendo rápidamente en la mayoría de las partes del mundo. Esto está incidiendo considerablemente sobre la relación entre los segmentos de población en edad de activa y de población pasiva. El informe apunta diversas medidas concebidas para mejorar la seguridad en los ingresos para las mujeres:
  • Medidas prácticas (prestaciones por maternidad, instalaciones para el cuidado de los niños, licencias) que ayuden a los hombres y a las mujeres a compaginar el empleo retribuido y las tareas de criar a sus hijos, y que apoyen el acceso de las mujeres al trabajo retribuido;
  • La extensión de la seguridad social obligatoria a todos los empleados, incluidas las categorías en las que las mujeres están fuertemente representadas (por ejemplo, trabajadores domésticos y trabajadores a tiempo parcial);
  • La Carencia de Protección del Seguro de Desempleo Países Desarrollados.

En los 14 países más avanzados que se citaron anteriormente, la protección frente al desempleo consiste en varios niveles de prestaciones. El primero y más importante es una indemnización en concepto de seguro de desempleo, que se abona al asegurado durante el periodo inicial subsiguiente a la pérdida de un trabajo, cuyo porcentaje de indemnización sobre el salario es superior al 60% del salario nacional medio. Este porcentaje es significativamente más elevado que en los países incluidos en la categoría inmediatamente inferior.

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La mayoría de estos países de niveles de categoría superior cuentan con un segundo nivel de prestaciones de desempleo, que se denomina generalmente subsidio. Este nivel protege a los trabajadores que han agotado su derecho al seguro de desempleo y les concede un periodo de gracia antes de que pasen a ser incluidos en las previsiones de otros planes de asistencia social menos generosos. Casi todos los países pertenecientes a la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico) han reducido en la década de 1990 la protección proporcionada por sus sistemas de prestaciones por desempleo. Se han endurecido las normas para tener acceso a ellas, y la duración de las prestaciones, así como los porcentajes de indemnización, se han reducido en casi todos los países europeos.

Dentro de una tendencia denominada a veces de "asistencia social condicional", muchos países occidentales han condicionado las prestaciones a la participación del desempleado en cursos de formación. A la aceptación de trabajos considerados adecuados, para el desempleado, por la administración de tales prestaciones. También se han intensificado los esfuerzos para conseguir que los desempleados retornen al mercado del trabajo, por medio de políticas activas en ese mercado. La provisión de prestaciones de desempleo debería estar estrechamente coordinada con políticas sobre el mercado de trabajo. También extender la cobertura de esas prestaciones, lo cual proporcionaría seguridad en los ingresos a grupos más amplios de desempleados, tendría efectos positivos sobre la flexibilidad del mercado de trabajo.

Países en Desarrollo

Los trabajadores que tienen la fortuna de estar cubiertos por prestaciones de desempleo se concentran principalmente en las zonas industrializadas, según el informe. Pero aquellos que trabajan en el sector rural o en el sector urbano no estructurado de los países en vías de desarrollo, incluyendo entre ellos a los 900 millones de trabajadores subempleados, aproximadamente, no cuentan prácticamente con ninguna protección frente al desempleo.

Estos grupos de trabajadores deberían recibir ayuda mediante programas de empleo en la creación de infraestructuras que reclaman mucha mano de obra: "carreteras secundarias, reclamación de tierras, pequeñas presas, pozos y sistemas de irrigación, drenaje y saneamiento, escuelas y centros sanitarios", señala la OIT. El empleo proporcionado mediante tales programas podría organizarse de manera que los trabajadores tuvieran ocupación garantizada durante un determinado número de días al año. Europa Central y Oriental. En la mayoría de los países del centro y del este de Europa, el desempleo como tal era una realidad virtualmente desconocida con anterioridad al colapso del sistema de economías controladas por el Estado en 1989.

En los primeros años de la transición, cuando el desempleo era aún bajo, muchos países de la región crearon fondos que proporcionaban prestaciones de desempleo y apoyo al mercado de trabajo. Pero pronto el número creciente de desempleados puso en apurada situación a estos sistemas en Bulgaria, Hungría, Polonia y Eslovaquia, conduciendo a unas normas de acceso más duras, a inferiores niveles de indemnización, menor duración de las prestaciones e inferiores cifras de beneficiarios.

En toda esta región, sólo la mitad de los desempleados reciben prestaciones de desempleo o asistencia social, señala la OIT. La legislación sobre protección al empleo en los países de Europa central y oriental se mantiene, en general, fuerte, sobre todo por su pasado socialista. Pero la situación está cambiando y en algunos países de forma muy notable. Las leyes están siendo modificadas para facilitar los procesos de contratación y despido. La exigencia del cumplimiento de esta legislación protectora a menudo es dejada en el sector privado que crece a ritmo vivo, en el que los sindicatos son débiles y muchos trabajadores desconocen sus derechos. América Latina y el Caribe.

La mayoría de los países latinoamericanos funcionan con planes de compensación por la conclusión del trabajo, que prevén la entrega de una única suma como indemnización para ayudar a salir de apuros a los trabajadores desempleados mientras dura su situación de desempleo. En los últimos años se han introducido planes de seguros de desempleo, en la mayoría de los casos complementarios de las indemnizaciones por despido, pero el informe señala que las normas de acceso a ellos son muy restrictivas. Ultimamente se ha puesto especial énfasis en el desarrollo de servicios de empleo para los desempleados, en mejorar el flujo de información sobre plazas vacantes y necesidades de mano de obra adiestrada, en facilitar la movilidad del trabajador, en organizar programas de formación y subsidiando la contratación de los desempleados.

Entre los países que han introducido en la década del 90 tales políticas activas sobre el mercado de trabajo figuran Argentina, Barbados, Brasil, México, Perú y Uruguay. Asia. A mediados de 1998, cuatro economías asiáticas, China, Mongolia, la República de Corea y Hong Kong, tenían alguna forma de plan de prestaciones por desempleo, dice el informe de la OIT. Las tasas de indemnización son modestas, en general. La cobertura sólo está generalizada en Hong Kong. En la República de Corea, están cubiertos la mitad de los trabajadores, mientras que en los demás países, la cobertura sólo alcanza a una minoría de empleados dentro del sector estructurado.

En Bangladesh, India y Pakistán, la legislación sobre responsabilidad del empleador exige unos pagos por despido o rescisión a la finalización del empleo, pero sólo una pequeña minoría de la población trabajadora, por ejemplo de quienes trabajan en las grandes empresas del sector estructurado, está realmente cubierta. En la República de Corea, los primeros programas de seguro de desempleo, que hasta 1995 no se habían puesto en práctica, conocieron una rápida expansión en 1998 como respuesta al masivo aumento de las cifras de desempleados como consecuencia de la crisis financiera asiática. La reciente crisis financiera demostrado que los planes de seguro de desempleo podían representar un papel sustancial a la hora de enfrentarse a los inaceptables niveles de penuria provocados por la rápida escalada del desempleo.

Jubilaciones y Pensiones

El informe afirma que son los muchos los países en desarrollo que sólo en fechas recientes han empezado a organizar sistemas de pensiones para proteger a los trabajadores jubilados, y que hay naciones que aún no cuentan con sistema alguno. Las personas que han trabajado en el sector no estructurado, mujeres predominantemente, es probable que tengan en la vejez ingresos muy bajos y deban depender de la asistencia pública.

Es claro, que los sistemas de jubilaciones y pensiones aún tienen muchos aspectos propios de algo inacabado. Al mismo tiempo, necesitan adaptarse al aumento de la esperanza de vida, así como a los cambios en los mercados de trabajo. Los planes de seguridad social contributivos siguen siendo el instrumento más adecuado como la principal fuente de ingresos de jubilación para los trabajadores en la gran mayoría de los países. Pero las principales prioridades deben ser aumentar la cobertura de esas pensiones y mejorar su administración.

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